Gracia que Sana!

¡Puedes estar lejos de la voluntad de Dios, pero nunca estarás lejos de Su Gracia!


2 Samuel 9:1-7 ‘Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar. Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar. Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.

David ha estado reinando en Israel por varios años. De repente, hace una pregunta cuyo contenido estuvo pensando por mucho tiempo: ‘Hay alguien de la casa de Saul al que pueda mostrar misericordia?’
Sus siervos se miran como si su señor hubiera perdido la cabeza: ‘Quieres mostrar misericordia a la familia de aquel que destruyó tu matrimonio, te hizo la vida miserable y buscó matarte por muchos años? Ahora eres rey, ¿para que buscar problemas? Si hubiera algún familiar vivo pondría en peligro tu reino, ya que seria el heredero legal de tu reino, y estarías en peligro de una rebelión.
Pero David les recuerda que el, muchos años antes, había hecho un pacto con Jonathan, el hijo de Saul, y se había comprometido, en caso de que Jonathan muriera a cuidar de su descendencia.
Alguien viene con la noticia que hay un criado de la casa de Saul que todavía vive; Ziba. Lo llaman y David le hace la misma pregunta. ¿Que? ¡Exclama Ziba!

Los reyes de la antigüedad mataban toda la descendencia del rey anterior una vez que asumían al trono para que nadie pudiera reclamarlo. Dudando y temblando, responde. Él estaba acostumbrado al trato y conducta de Saul, ¿Por qué este David sería diferente?; ¿No me estará engañando para averiguar si hay alguien vivo para matarlo?
Si, todavía hay un hijo de Jonathan vivo, pero es lisiado de ambos pies, y vive en un paraje aislado, oculto llamado ‘Lo-debar’ (tierra desierta, del silencio).

Mephibosheth era un hombre resignado a su condición de vida. Había nacido en el palacio del rey de Israel, Saul. Algún día seria rey. Todo cambió. Un día, en medio de una batalla contra los filisteos, por causa de la rebelión de su abuelo, éste junto con su padre y tíos mueren en batalla. Su ‘nanny’, al recibir la noticia, toma al pequeño Mephiboshteh en sus brazos, trata de huir, pero tropieza dejando caer al niño, quebrándole los pies y dejándole incapaz de caminar por el resto de su vida. Lisiado por causa que alguien lo dejó caer, ‘lo soltó’ dejándole una herida que perduraría toda su vida. Con temor por su vida, fue llevado a Lo-debar, donde vivió por los siguientes 15 años, en completo silencio, ignorado.

Esta historia también se refiere a usted y a mí. Un día, nuestros padres se rebelaron contra Dios, viviendo en un palacio, (Edén). En esa batalla murieron, perdiendo sus descendientes todo derecho, condenándonos a vivir en ‘la tierra de silencio’ que cada uno de nosotros tiene en su corazón. Pero Dios le había hecho una promesa a Adán, Genesis 3:15 ‘Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar’

David no esperó que Mephibosheth venga a su palacio. Una mañana, Mephibosheth vio su casa rodeada de soldados y carrozas. ¡Vienen por mí! ¡Mi hora llegó!
Resignado, al oír que llamaban su nombre sale. Sin mediar palabra, los soldados lo hacen subir a una carroza, y raudos parten hacia Jerusalén. Al llegar, es conducido a la sala del trono de David. Postrándose ante el rey, Mephibosheth espera su sentencia, pero oye palabras que jamás pensó escuchar. ‘Tu padre y yo fuimos grandes amigos, e hicimos un pacto que, si alguno de nosotros muriera antes que el otro, el sobreviviente se haría cargo de la familia del fallecido. Hoy, quiero cumplir mi palabra con tu padre. Yo cuidaré de ti. Vivirás en Jerusalén, y cada día te sentarás a mi mesa como uno de mis hijos, y te restituyo todo lo que perdiste junto con lo que produjo todos estos años’

¡ESO SE LLAMA GRACIA!

‘De hoy en adelante tu vida cambia!’
33 generaciones después de esta historia, el gran, gran, …, gran nieto de David, JESUS, vino a la tierra a cumplir la promesa que dio muchos siglos antes a Adán. Su invitación es tan impactante hoy como le fue a Mephibosheth. ¿Hay alguien a quien pueda mostrar Mi misericordia?
¿Es usted ese alguien, tal vez lisiado de por vida, incapaz de caminar o moverse por causa de traiciones, porque alguien te dejó caer?

Deja que el Espiritu Santo te lleve a Su Presencia y puedas escuchar esas mismas palabras: ‘Ni yo te condeno. He venido para que tengas vida, y en abundancia. Restauro todo lo que perdiste. Desde hoy en adelante te sentarás a Mi mesa como un hijo Mio’ (Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey, versículo 11).
Lázaro, después de su vuelta a la vida, en Juan 12:2 leemos: ‘Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él’. No fue resucitado para ser apóstol, para escribir alguna epístola o Evangelio, (no conocemos Epístola de San Lázaro o Evangelio de San Lázaro). La última mención de su nombre es ‘sentado con Jesús a la mesa’

David sacó a Mephibosheth de una cárcel de silencio, heridas y resentimiento en la que había vivido muchos años. Su gracia operó a través del perdón. Perdón es la llave de oro que abre la esposas y grillos del rencor y las puertas del resentimiento y te dice: ‘SAL, VEN A UNA NUEVA VIDA, ¡NO TE QUEDES MAS TIEMPO ALLI DENTRO!’

En el versículo 8 del pasaje que consideramos, llama la atención como se define Mephibosheth: ‘Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?’. Un ‘perro muerto’. Morí a los cinco años, solo espero el día que me sepulten.
Hay una carroza, con una guardia real esperando llevarte a la Presencia del Rey, para que escuches Palabras maravillosas que traerán perdón, restauración a tu vida
El fin de esta maravillosa historia es versículo 13: ‘Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey’
Hay lugar a Su mesa para ti. ‘Aunque millones ya vinieron, todavía hay lugar para uno más. Hay lugar al pie de la Cruz para ti’